Hola!
Hoy mi aporte consiste en un hermoso fanfic Agron y Nasir (escrito especialmente para ser publicado hoy en el blog). ADVERTENCIA: YAOI (chicoxchico)
PARTE I:
Era ya noche cerrada en la región de Tracia. Los insurrectos gladiadores y esclavos se resguardaban entre las paredes de aquel viejo templo en ruinas. Unos bebían y comían, otros intentaban conciliar el sueño y otros disfrutaban del calor de un cuerpo junto al suyo. Cualquier cosa valía con tal de que les hiciera olvidar el porqué estaban allí y lo que les aguardaría al día siguiente, ¿caerían en manos de los romanos? ¿Les tenderían una emboscada? ¿Acabarían ensartados por una espada?... ¿Sobrevivirían para ver la siguiente noche?. Ninguno quería pararse a pensar en eso y en las pocas posibilidades que existían de que salieran vencedores en la lucha contra sus opresores. Pero había una persona que no lograba apartar esos interrogantes de su mente.
Agron descansaba sentado contra la pared, sobre unas mantas que hacían las veces de camastro. Estaba solo, Nasir estaba aún se encontraba entrenando a los nuevos reclutas que en su vida habían sujetado una espada, y ahora debían convertirse en "gladiadores" para sobrevivir.
La imaginación de Agron no se detenía. Pero no era la posibilidad de su propia muerte lo que le atormentaba. No podía evitar recordar a Nasir, a escasos pasos de la muerte, surcado por una herida mortal. Y a él mismo, impotente. No había podido hacer nada, no había estado ahí para defenderlo, para matar a aquel maldito romano que se atrevió a dirigir su espada hacia Nasir. Imágenes del antiguo esclavo atravesado por una espada, sangrando, en manos de la muerte, aparecían en su mente sin cesar. Sabía que aquella guerra en algún momento le arrebataría lo que más quería, pero no lo iba a permitir, no iba a perderlo también a él. Había visto partir al otro mundo a muchos amigos y compañeros, a seres queridos, a su hermano. Nasir no sería uno más en esta lista.
Pero de nuevo volvía a surgir la duda... ¿Y si de nuevo no estaba ahí para defenderlo? ¿Y si esta vez se lo arrebataban de verdad? ¿Y si no era capaz de proteger a lo único que le importaba?. Era consciente de lo perfectament capaz que era Nasir de luchar por sí mismo y de enfrentarse a cualquiera. Pero la guerra es cruel e injusta. Y aún más si se trataba de romanos.
-¿Qué haces ahí? - La voz del sirio lo sacó de sus pensamientos, quien lo miraba divertido desde su posición. Estaba de pie, junto a la improvisada puerta formada por unas cuantas telas a modo de cortina. Iba vestido tan solo con el subligaculum y algunas cicatrices y maretones, seguramente obtenidos durante el entrenamiento, adornaban su broncínea piel.
- Descansar mientras otros trabajan... - le contestó burlesco, mientras se hacía a un lado, para hacerle sitio a Nasir - ¿Cómo ha ido el entrenamiento? ¿Se podrá hacer algo con ellos?
Nasir se dirigió hacia donde estaba Agron, y se situó a su lado, sentándose.
-Lucharán, en esta guerra no les queda otra opción.
Se hizo el silencio en la habitación. Con aquellas palabras había reavivado de nuevo las sangrientas imágenes que hasta hace poco se acumulaban en su mente. Su mirada se enturbió, a la vez que su cuerpo se tensaba a penas perceptiblemente, pero lo suficiente para que Nasir se diera cuenta de lo que rondaba los pensamientos de su compañero. Ideas que cuanto más tiempo pasaba, y más cerca se encontraba el momento de la lucha final, más nítidas y tormentosas se volvían.
-Agron... Lucharemos. No sé si saldremos vencedores, pero quiero confiar. Confiar en nuestra causa, en nuestros compañeros y amigos. Y si hemos de caer, quiero hacerlo con la creencia de que aunque esta batalla la hayamos perdido, la guerra no está perdida. Y que este enfrentamiento será el principio de la libertad de muchas personas. Y si he de dar mi vida, lo haré - Nasir posó su mano sobre el brazo de Agron, apretándole suavemente.
Agron dirigió su mirada a Nasir, quien lo miraba con firmeza, con gesto rotundo. Sus ojos se encontraron, sonteniendose la mirada, y contándose lo que sentían sin necesidad de palabras. Agron habló con la misma firmeza con la que lo había hecho su compañero.
-No permitiré que caigas antes que yo... Así tenga que enfrentarme a cien de esos cerdos romanos yo solo- deslizó su mano hasta la nuca de Nasir y lo atrajo hacia sí, apoyando su frente en la de él. - No te veré otra vez a las puertas de la muerte - sus ojos se observaban, hablaban de promesas de libertad y de una vida futura.
Nasir apoyó sus manos sobre el pecho desnudo y firme de su compañero, notando la piel cálida y el latir acelerado bajo sus dedos.
- Entonces aparta de ti esos pensamiento que te atormentan y lucha. Entrenemos hasta que no quede en nosotros furza ni para alzarnos, busquémos y reunamos a más personas que crean en esta causa, ¡cerquemos a los romanos!... Porque yo no medejaré matar tan fácilmente.- dijo estas últimas palabras mientras una sonrisa afloraba a sus labios- y sé que tu tampoco.
La sonrisa de este se contagió a Agron, que antes de darse cuenta ya sonreia como un bobo, embelesado en la visión de su amante, que le sonreia con ternura a escasos centímetros. Amaba a ese hombre, realmente lo amaba. Era el único que con tan solo una palabra o un gesto podía hacerle olvidar todos sus temores. Se acercó un poco más al sirio, y juntando sus labios, deposito un casto y tierno beso en ellos...
Hoy mi aporte consiste en un hermoso fanfic Agron y Nasir (escrito especialmente para ser publicado hoy en el blog). ADVERTENCIA: YAOI (chicoxchico)
PARTE I:
Era ya noche cerrada en la región de Tracia. Los insurrectos gladiadores y esclavos se resguardaban entre las paredes de aquel viejo templo en ruinas. Unos bebían y comían, otros intentaban conciliar el sueño y otros disfrutaban del calor de un cuerpo junto al suyo. Cualquier cosa valía con tal de que les hiciera olvidar el porqué estaban allí y lo que les aguardaría al día siguiente, ¿caerían en manos de los romanos? ¿Les tenderían una emboscada? ¿Acabarían ensartados por una espada?... ¿Sobrevivirían para ver la siguiente noche?. Ninguno quería pararse a pensar en eso y en las pocas posibilidades que existían de que salieran vencedores en la lucha contra sus opresores. Pero había una persona que no lograba apartar esos interrogantes de su mente.
Agron descansaba sentado contra la pared, sobre unas mantas que hacían las veces de camastro. Estaba solo, Nasir estaba aún se encontraba entrenando a los nuevos reclutas que en su vida habían sujetado una espada, y ahora debían convertirse en "gladiadores" para sobrevivir.
La imaginación de Agron no se detenía. Pero no era la posibilidad de su propia muerte lo que le atormentaba. No podía evitar recordar a Nasir, a escasos pasos de la muerte, surcado por una herida mortal. Y a él mismo, impotente. No había podido hacer nada, no había estado ahí para defenderlo, para matar a aquel maldito romano que se atrevió a dirigir su espada hacia Nasir. Imágenes del antiguo esclavo atravesado por una espada, sangrando, en manos de la muerte, aparecían en su mente sin cesar. Sabía que aquella guerra en algún momento le arrebataría lo que más quería, pero no lo iba a permitir, no iba a perderlo también a él. Había visto partir al otro mundo a muchos amigos y compañeros, a seres queridos, a su hermano. Nasir no sería uno más en esta lista.
Pero de nuevo volvía a surgir la duda... ¿Y si de nuevo no estaba ahí para defenderlo? ¿Y si esta vez se lo arrebataban de verdad? ¿Y si no era capaz de proteger a lo único que le importaba?. Era consciente de lo perfectament capaz que era Nasir de luchar por sí mismo y de enfrentarse a cualquiera. Pero la guerra es cruel e injusta. Y aún más si se trataba de romanos.
-¿Qué haces ahí? - La voz del sirio lo sacó de sus pensamientos, quien lo miraba divertido desde su posición. Estaba de pie, junto a la improvisada puerta formada por unas cuantas telas a modo de cortina. Iba vestido tan solo con el subligaculum y algunas cicatrices y maretones, seguramente obtenidos durante el entrenamiento, adornaban su broncínea piel.
- Descansar mientras otros trabajan... - le contestó burlesco, mientras se hacía a un lado, para hacerle sitio a Nasir - ¿Cómo ha ido el entrenamiento? ¿Se podrá hacer algo con ellos?
Nasir se dirigió hacia donde estaba Agron, y se situó a su lado, sentándose.
-Lucharán, en esta guerra no les queda otra opción.
Se hizo el silencio en la habitación. Con aquellas palabras había reavivado de nuevo las sangrientas imágenes que hasta hace poco se acumulaban en su mente. Su mirada se enturbió, a la vez que su cuerpo se tensaba a penas perceptiblemente, pero lo suficiente para que Nasir se diera cuenta de lo que rondaba los pensamientos de su compañero. Ideas que cuanto más tiempo pasaba, y más cerca se encontraba el momento de la lucha final, más nítidas y tormentosas se volvían.
-Agron... Lucharemos. No sé si saldremos vencedores, pero quiero confiar. Confiar en nuestra causa, en nuestros compañeros y amigos. Y si hemos de caer, quiero hacerlo con la creencia de que aunque esta batalla la hayamos perdido, la guerra no está perdida. Y que este enfrentamiento será el principio de la libertad de muchas personas. Y si he de dar mi vida, lo haré - Nasir posó su mano sobre el brazo de Agron, apretándole suavemente.
Agron dirigió su mirada a Nasir, quien lo miraba con firmeza, con gesto rotundo. Sus ojos se encontraron, sonteniendose la mirada, y contándose lo que sentían sin necesidad de palabras. Agron habló con la misma firmeza con la que lo había hecho su compañero.
-No permitiré que caigas antes que yo... Así tenga que enfrentarme a cien de esos cerdos romanos yo solo- deslizó su mano hasta la nuca de Nasir y lo atrajo hacia sí, apoyando su frente en la de él. - No te veré otra vez a las puertas de la muerte - sus ojos se observaban, hablaban de promesas de libertad y de una vida futura.
Nasir apoyó sus manos sobre el pecho desnudo y firme de su compañero, notando la piel cálida y el latir acelerado bajo sus dedos.
- Entonces aparta de ti esos pensamiento que te atormentan y lucha. Entrenemos hasta que no quede en nosotros furza ni para alzarnos, busquémos y reunamos a más personas que crean en esta causa, ¡cerquemos a los romanos!... Porque yo no medejaré matar tan fácilmente.- dijo estas últimas palabras mientras una sonrisa afloraba a sus labios- y sé que tu tampoco.
La sonrisa de este se contagió a Agron, que antes de darse cuenta ya sonreia como un bobo, embelesado en la visión de su amante, que le sonreia con ternura a escasos centímetros. Amaba a ese hombre, realmente lo amaba. Era el único que con tan solo una palabra o un gesto podía hacerle olvidar todos sus temores. Se acercó un poco más al sirio, y juntando sus labios, deposito un casto y tierno beso en ellos...
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